Holanda, un país formado por 16 millones de habitantes, y cuyas ciudades están a muy baja altitud y sufren vulnerabilidad de inundaciones. Un 25% del territorio holandés se encuentra bajo el nivel del mar. En Holanda además, han ganado muchas tierras al agua creando nuevas tierras llamadas pólderes. Sin un drenaje constante la mitad de los Países Bajos sería inundado por el mar y por los numerosos ríos que cruzan su territorio, como es el caso del Rin que desemboca en Róterdam. El lugar más alto de Holanda se halla en Vaals, se encuentra a 323 metros sobre el nivel del mar, y es el lugar en el que se encuentran las fronteras de tres estados: los Países Bajos, Alemania y Bélgica.
Como curiosidad sobre Holanda podemos hablar de su hábito ciclista, que ha conllevado la promoción de 29.000 kilómetros de carriles bici.
El Gran Puente Danyang-Kunshan, situado entre Shangai y Nanjing en el este de China, esta gigantesca obra de ingeniería fue terminada en el 2010 y se abrió al tráfico en el 2011. Tiene una longitud de 164,8 km y ocho carriles, cuatro para cada sentido del tráfico. Se emplearon 10.000 personas en la construcción de este, fue construido en 4 años y tuvo un coste de 8.5 billones de dólares. Este puente ostenta el Récord Guiness del puente más largo del mundo en todas las categorías. El puente también pasa por el lago Yangcheng recorriendo un tramo de 9 kilómetros.
Siempre se ha hablado del alcohol como el compañero a la hora de olvidar y es curiosa la contradicción pues un estudio del Centro Waggoner sobre el Alcohol y las Adicciones de la Universidad de Texas ha demostrado que beber alcohol estimula ciertas áreas de nuestro cerebro implicadas en el aprendizaje y la memoria.
Hitoshi Morikawa, un neurobiólogo, ha publicado en el Journal of Neuroscience un artículo sobre el alcohol, dice “reduce nuestra capacidad consciente para recordar información como el nombre de un amigo, la definición de una palabra o dónde aparcamos el coche; pero nuestro subconsciente aprende y recuerda también, y el alcohol aumenta nuestra capacidad de recordar a este nivel”. Queda demostrado en experimentos que el etanol en su exposicion aumenta la plasticidad sináptica de las neuronas en un área clave del cerebro para la memoria. De hecho, los alcohólicos no son adictos al placer de beber, sino que son adictos al placer que obtienen de la experiencia psicológica de estar bebido que nos entretiene con el comportamiento y el entorno rodeado bajo consumo del alcohol.
“Solemos pensar en la dopamina como un neurotransmisor de la felicidad, pero en realidad es un neurotransmisor ligado al aprendizaje”, aclara el neurocientífico. “Su principal efecto consiste en fortalecer las sinapsis que están activas mientras se libera”, añade. Según Morikawa, cuando tomamos alcohol se estimula el sistema dopminérgico, que “le dice a nuestro cerebro que lo que está haciendo en ese momento es gratificante, que debe ser recordado y repetido”. “Ir al bar, charlar con los amigos, comer ciertos alimentos y escuchar determinada música también es gratificante”. Por eso, “cuanto más frecuentemente hagamos estas cosas a la vez que bebemos alcohol más dopamina se libera, y más adictivo se vuelve el conjunto de experiencias y que rodean al consumo de esta droga”, concluye el investigador.
El periodo de hiperinflación en la República de Weimar aconteció entre 1921 y 1923 en la República de Weimar, nombre histórico con el que se identifica a Alemania durante el período de entreguerras. No fue la primera ni la más fuerte de la serie de hiperinflaciones que asolaron Europa en los años 1920, pero es el caso más destacado de la historia, ya que en ella se sucedieron situaciones tales como: aumento de los precios, de los tipos de interés, modificaciones del tipo de cambio y abandono de la moneda como unidad de intercambio.
La absoluta pérdida de valor del marco llevó a casos como el de esta imagen: un alemán muestra la devaluación del dinero empapelando una pared con billetes de un marco, más baratos que el papel de pared.









